Mariano Rivera. (Kathy Willens/AP)

Entre los regalos que el panameño Mariano Rivera nos dio en su última temporada en Grandes Ligas fue la oportunidad de decirle adiós y hacerle saber qué tanto lo apreciamos. Cada cierto tiempo se da un pelotero que todo lo hace bien. Una vez más, gracias Mariano.

En algún momento durante las 19 temporadas de Rivera con los Yankees, nos dimos cuenta de que estábamos viendo algo especial, no sólo por la destreza con la que desempeñaba su trabajo, no sólo por los cinco anillos de Serie Mundial que ayudó a los Yankees a ganar, sino por la clase de persona que era y los valores que intentaba representar.

Existe un cierto nivel de honradez en Rivera que se hizo evidente con los años. El panameño combinó humildad y confianza y un sentido de que simplemente estaba utilizando los dones que había adquirido - no sólo sobre un montículo, sino también para hacer del mundo un mejor lugar. Increíblemente, después de todos sus logros como jugador, Rivera parece destinado a hacer contribuciones aun mayores como embajador en labores humanitarias en su próximo capítulo de su vida.

Quizás esa fue la razón por la que Mariano se mostró tan determinado a hacernos saber que era tiempo de colgar los spikes. Quizás simplemente tenía otras cosas que quería hacer. Rivera tenía 43 años de edad en el Día Inaugural del 2013, pero la edad era solamente un número para él. Una vez más, el panameño lució casi perfecto tras lograr 44 juegos salvados, con una efectividad de 2.11 y su 13er llamado al Juego de Estrellas. A pesar de esos números el cerrojero estelar nunca titubeó acerca de que ésta sería su temporada final en Grandes Ligas.

"Se me han acabado las balas", expresó Rivera. "Las he utilizado todas".

Entonces, la campaña del 2013 se convirtió en una especie de viaje de despedida para Rivera. En cada parada en el camino, el panameño era reconocido con regalos y tributos. Quizás lo más conmovedor fue como los jugadores de la oposición salían del dugout para ovacionarlo. Esa fue su manera de decirle que entendían su grandeza. ¿Cuántas veces han visto a tantos peloteros rendirle honor a un solo jugador de una manera tan pública? Sin duda ese simple gesto habla enormidades de Mariano Rivera.

Rivera había insinuado ampliamente que el 2012 sería su última campaña, pero luego cuando se lesionó la rodilla derecha el 3 de mayo en Kansas City, el panameño decidió jugar un año más. Su regreso a la lomita requirió de meses de dura rehabilitación, pero Rivera se vio determinado a dictar la manera en que diría adiós.

El timonel de los Yankees Joe Girardi sabía que la carrera de su cerrador estaba por terminar en el momento en que Rivera se paró en la puerta de su oficina durante los entrenamientos primaverales. De otra manera, ¿qué negocios tenía Rivera parado ahí?

"Tú sabes, este muchacho nunca se mete en problemas", manifestó Girardi, "entonces cuando se para en la puerta de tu oficina, presientes que se trata de algo así".

Rivera le dijo a Girardi y a Derek Jeter y Andy Pettitte y a otros pocos compañeros. Y luego llamó a una conferencia de prensa y, acompañado de su familia y compañeros, el más grande taponero de todos los tiempos le hizo saber al mundo.

"Estoy en paz", dijo Rivera.

Ningún otro Yankee ha tenido una trayectoria tan grande como la de Mariano Rivera, no si mides la grandeza en términos de desempeño, contribución para ganar y representar a la franquicia de la manera correcta. Mariano será siempre un modelo de éxito para los Yankees.

Rivera también será tema de discusión cada vez que se hable de grandeza en el béisbol, así como de humildad y dignidad. Por otro lado, fuimos bien afortunados. Fuimos afortunados porque lo vimos lanzar, celebrar campeonatos y nos hizo reír y llorar. Guardaremos para siempre cada momento, porque seguramente no habrá otro como él.